miércoles, 21 de abril de 2010

Dios premia al que le cree

"Jehová me ha premiado conforme a mi justicia…" (Sal. 18:20).

Quien cree en la Palabra de dios ha trascendido a las alturas del conocimiento, porque para creer en Dios se necesita de la fe. Dios habla de Noé, Daniel y Job, que ellos se salvaron, y lo hicieron por medio de sus obras de justicia. ¿Y cuáles fueron esas obras? Creer en los juicios de Dios, creer en su justicia y creer en su Palabra. Como ejemplo, el primero de ellos fue Noé, un hombre que creyó en un juicio que vendría sobre el mundo y todos le tenían por loco, hasta que ese juicio se realizo. Daniel, que su creer en Dios lo llevo a no comer la comida contaminada del mundo, y Dios lo respaldo y lo libro del juicio torcido de los hombres –porque lo condenaron a morir en un foso en el que había leones hambrientos-; pero Dios no permitió que ese juicio se realizara, librando a su siervo de esas fieras. Y por ultimo Job, quien sufrió tremendos juicios en contra de si, hasta que la corona de soberbia se le cayó y se humillo ante Dios y pudo recibir su perdón.

A Dios no le queda otra opción, porque el hombre ya ni cree en él; pero, a pesar de todo, hoy Dios habla. ¿Cree usted en los juicios de Dios?

Entonces ¡búsquele!

¿Entiende usted estas cosas?

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martes, 6 de abril de 2010

Tres Engaños Fundamentales

Desde un principio fue tarea del diablo engañar a los hombres para su perdición. Cuando la iglesia comenzaba –y a pesar de estar siendo administrada por los apóstoles mismos- el apóstol Pablo describió que después de retirarse por algún tiempo de la iglesia de "Corinto", esta ya se había ido degenerando en tres aspectos fundamentales como consecuencia de líderes sin llamamiento de Dios; quienes utilizados sutilmente por el diablo torcieron la enseñanza para presentar a otro "Jesucristo", a otro "Evangelio" y a otro "Espíritu Santo"; según leemos:

"Pero temo que como la serpiente con su astucia engaño a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis" (2 Co. 11:3-4).

Dentro de un marco de simpleza muy grande vemos como la mayoría de los hermanos no pudo discernir el engaño en el cual estaban cayendo para destrucción de la iglesia. Cuando Jesucristo dijo:

"vendrán muchos en mi nombre", quiere decir que hoy más que nunca –porque ya estamos en los días finales- el engaño es tal, que el verdadero Jesucristo de la Biblia ya posiblemente no se conoce. De igual modo sucede con el evangelio y con el "Espíritu Santo". Entonces vuelve a surgir la pregunta:

¿Dónde están los cristianos verdaderos que si han podido discernir a la multitud de engañadores?

Cuando hablamos de un "Cristiano Verdadero", nos referimos a aquel hombre o mujer que no puede ser engañado de ninguna manera. Léase lo que dijo Jesús de los cristianos verdaderos:

"…las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños" (Jn. 10:4-5).

También decía el apóstol Juan:

"Os he escrito esto sobre los que os engañan. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en el" (1 Jn. 2:26-27).

Según el apóstol Juan –y debido a la unción que ha recibido- es imposible que el verdadero creyente pu7eda ser engañado. Cuando Jesucristo vino a este mundo se dedico a visitar las aldeas, a sanar enfermos, ayudar a los pobres y a buscar a los necesitados. No podemos imaginarnos a Jesucristo hoy con una guitarra eléctrica cruzada en la espalda para imitar a grupos de rock, o sacándole ofrendas a la gente para emprender supuestas obras de caridad; menos aun organizando "Tours a alguna parte del mundo". ¿A caso no se trataría de otro Jesús? Es muy fácil demostrar a que se refería Pablo cuando dijo otro evangelio, porque el verdadero está bien registrado en las "Sagradas Escrituras", mientras el falso no se puede respaldar con ella. Si hablamos del Espíritu Santo, de igual modo es muy fácil demostrar "el espíritu de engaño y de error". Nuestro Señor Jesucristo determino que vendría a hacer el Espíritu Santo a esta tierra y cuales serian sus manifestaciones; lo cual no se ve en muchos que lo predican. Jesús dijo:

"…cuando el venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio" (Jn. 16:8), cosa que no sucede hoy en día. También dijo:

"…recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…" (Hch. 1:8).

"Recibir Poder" no es cualquier cosa, sino algo sumamente extraordinario. La obra primordial del Espíritu Santo es guiar a su pueblo a la Verdad y preservar a la iglesia del engaño; según leemos en el pasaje que repetimos a continuación:

"Os he escrito esto sobre los que os engañan. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en el" (1 Jn. 2:26-27).

Nada dicen las Escrituras de gritos, porras, o tales otras manifestaciones sentimentales y carnales semejantes.

¿Entiende usted esto?

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sábado, 3 de abril de 2010

Anhelando el cambio

Todos los hombres soñamos con cambiar algo de nuestra vida, nunca aceptamos lo que somos ni como estamos en el presente. Siempre hay inconformidades y las expresamos de varias maneras: lloramos, suplicamos, exigimos y hay quienes hasta llegan a matar; sin embargo, el cambio no llega.

La ansiedad del cambio ha llevado al hombre a buscarlo en lo místico, esotérico y hasta en una visión, creyendo con ello encontrar ese cambio que lo hará feliz; pero el cambio no llega.

Aunque el ser humano logre algunas transformaciones en su contexto, ningún cambio humano será un verdadero cambio. Ante ello, la solución sugerida por Dios es esta:

"El que ama su vida la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardara" (Jn. 12:25)

Este pasaje nos demuestra que un cambio verdadero se dará solo cuando el hombre sea capaz de renunciar objetivamente a todo en este mundo y pueda vivir una vida de "Esperanza y dependencia total de Dios", quien a veces actúa de manera "extraña", dándonos o quitándonos no necesariamente según nuestros deseos.

El cambio verdadero se opera iniciando una actitud sencilla y humilde, de conformidad, de paz. Para eso es necesaria la obra del Espíritu Santo que Dios en su misericordia otorga a quienes el quiere.

Ese sentimiento es don de Dios. No es capacidad intelectual ni la entrega a lecturas religiosas, penitencias, ni análisis espirituales; es el encuentro con un Dios vivo, el cual ha de cambiar tu vida a un nuevo esquema espiritual, traducido en una conducta diferente de vida de acuerdo al canon de Dios.

Tampoco es por obras…

"pues es don de Dios…" (Ef. 2:8-9). ¿Cuántas cosas de este mundo ha dejado o sería capaz de dejar por amor, sin leyes?... por tanto, cada uno tome su propia cruz y sígame.

Usted no puede solo, yo tampoco; necesitamos de ese evangelio de poder. ¡Nos es necesario nacer de nuevo! Quiera Dios operar ese cambio en nuestras vidas.

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lunes, 22 de marzo de 2010

Jesús y el Reino

Jesucristo no vino a este mundo para dejar establecido ningún tipo de religión, sino que dejo establecidas las bases de un reino que debería comprenderse más por las obras que por su arsenal de teologías. Léase:

"Ahora, hijo mío, a mas de esto, se amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne" (Ec. 12:12).

La mayoría de las religiones tiene como elementos de valor: sus edificios, sus teologías y su organización. Co0ntraio a esto, Jesús decía:

"…la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorareis al Padre… Mas la hora viene, ahora es, cuando los verdaderos adoradores adoraran al Padre en espíritu y verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren" (Jn. 4:21, 23).

Con esto, Jesús daba a entender que los edificios para Dios no tenían importancia como el hecho que alguien fuese espiritual para encontrarse con él. Esto también lo confirmo el apóstol Pablo, al decir:

"El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas" (Hch. 17:24).

Respecto a que Jesús era de pocas palabras, leamos:

"no gritara, ni alzara su voz, ni la hará oír en las calles" (Is. 42:02).

También decía Jesús de sí mismo:

"Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mi, y yo en el Padre" (Jn. 10:37-38).

Más que por sus palabras, apelaba al poder de sus obras. El tema central de la predica de Jesús era "El Reino de Dios", el cual tipificaba con muchas parábolas y alegorías. De tal forma que si alguno quiere entrar, toma ejemplo del trabajo que se debe hacer, más que una teología que aprender. De modo que el reino se convierte en algo eminentemente práctico, y lo seguirán quienes voluntariamente asuman el compromiso. ¿Lo entiende usted?

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"Expresión Doctrinal Ágape"©